Sobre premio municipal Joaquín Gallegos Lara 2019 (Novela)

LISTOS LOS GANADORES DE LOS PREMIOS MUNICIPALES 2019

LISTOS LOS GANADORES DE LOS PREMIOS MUNICIPALES 2019

Por resolución del Concejo Metropolitano de Quito, en reunión del martes 26 de noviembre, se aprobaron los veredictos de los ganadores y ganadoras de los Premios Municipales 2019 en los ámbitos CULTURALES, ARTÍSTICOS, CIENTÍFICOS Y EDUCATIVOS.

Estos reconocimientos otorga el cuerpo edilicio con motivo de la celebración del Día de la Interculturalidad Quiteña, cuya ceremonia se realizará el domingo 01 de diciembre, a las 19:00, en el Teatro Capitol.

Las postulaciones fueron presentadas con el apoyo de un miembro del Concejo Metropolitano, una organización social legalmente constituida, la empresa editorial que publicó la obra o la produjo, o por un grupo de personas proponentes y se receptaron desde el lunes 05 de agosto del 2019 hasta el viernes 13 de septiembre de 2019, en el Centro Cultural Benjamín Carrión, las cuales debieron cumplir obligatoriamente los requisitos detallados en la página web: www.quitocultura.com, correspondiente a Premios Municipales 2019.

CUADRO DE GANADORES, JURADOS Y VEREDICTOS DE LOS PREMIOS CULTURALES, ARTÍSTICOS, CIENTÍFICOS Y EDUCATIVOS 2019

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Isabel Tobar Guarderas (Ciencias sociales)Obras Concursantes: 37 Extractivismo, (neo)colonialismo y crimen organizado en el norte de Esmeraldas Michel Lapierre Robles y Aguasantas Macías Marín Dr. Jorge Daniel VásquezMg. Sofía Luzuriaga

Dr. Rafael Polo

“Por su contribución al estudio del Ecuador desde el análisis de las estructuras y las prácticas de la violencia y el racismo, con una mirada disciplinar abarcante, con una comprensión de los procesos en la larga duración y con un anclaje transversal en la desposesión territorial y simbólica. El texto resume la necesidad de mirar los problemas estructurales como vehículo explicativo de los procesos de acumulación desde la economía política, la antropología, la historia y la sociología”

 

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Enrique Garcés (Ciencias biológicas)Obras Concursantes: 7 Arrinconados en la selva. Salud mental y educación en las comunidades Waorani de Guiyero, Timpoka y Ganketapare Marie-France Merlyn Sacoto Mg. Tatiana JaramilloDra. Nora Oleas

Mg. Patricio Mena

“Por ser una obra innovadora que trata un tema poco explorado sobre la salud mental y la educación en un grupo humano particularmente complejo y amenazado. El manejo conceptual de la información y las actividades planteadas en la metodología están de acuerdo con la propuesta de la obra. Todo esto, sumado a una presentación atractiva y un estilo claro y fluido, la convierten en una obra de impacto.”

 

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
José Mejía Lequerica (Historia nacional y ciencias políticas)Obras Concursantes: 22 De esclavizados a comuneros. Construcción de la etnicidad negra en Esmeraldas, siglos XVIII-XIX Rocío Rueda Novoa Dra. Viviana Velasco

Mg. Luis Esteban Vizuete

Dra. María Elena Bedoya

“Por su gran aporte historiográfico pues al abordar la construcción de la etnicidad negra en los siglos XVIII y XIX se enfrenta a la dificultad de acceso a las fuentes, reconstrucción de las voces y los sujetos históricos estudiados, y a la escasa bibliografía sobre el tema. El libro de Rocío Rueda provoca una reflexión en el presente al conectar las narrativas históricas con las problemáticas locales y globales vinculadas al racismo, la exclusión y la invisibilización de diversas poblaciones. Además pone en evidencia las estrategias de acción política de estas comunidades para reproducir su vida cotidiana y su resistencia a los poderes hegemónicos.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Jorge Carrera Andrade (Poesía)Obras Concursantes: 42 Oscuridad arriba Antonio Correa Losada Mg. Santiago VizcaínoDra. Sonia Manzano

Esc. Roy Sigüenza

Libro “cuyos textos de hondo y maduro lirismo ofrecen como rasgo recurrente la construcción de estructuras precisas de insólita calidad estética.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Joaquín Gallegos Lara (Cuento)Obras Concursantes: 23 El manual de la derrota José Hidalgo Pallares Lic. Sandra ArayaDra. Álvaro Alemán

Mg. Marcela Rivadeneira

“Debido a la cohesión conceptual del libro que revela una sensibilidad que emerge de forma paulatina a lo largo del texto. Se evidencia también una meditación sobre la masculinidad contemporánea. También hemos considerado que la curaduría editorial del libro es destacable.”

 

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Joaquín Gallegos Lara (Novela)Obras Concursantes: 24 El nuevo Zaldumbide Salvador Izquierdo (Jorge Izquierdo Salvador) Dr. Francisco ProañoDra. Alicia Ortega

Dr. Esteban Mayorga

 

Otorgar el premio por: “Su capacidad lúdica de interpelar a una obra y figura relevante del canon ecuatoriano. La construcción de una escritura que pone en juego una multiplicidad de registros narrativos. La consecución de un universo ficcional que pone en movimiento la sensibilidad lectora. La búsqueda de abrir relatos alternos de cara al formato del libro en sí como objeto”.

“Francisco Proaño quisiera dejar claro que coincidiendo en los valores señalados por los jurados Alicia Ortega y Esteban Mayorga sobre El nuevo Zaldumbide, otorga su voto por la novela La escalera de Bramante del autor Leonardo Valencia, en consideración a las calidades estructurales y estilísticas de un texto en el que se imbrican convincentemente varias dimensiones culturales, políticas y estéticas.”

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Joaquín Gallegos Lara (Teatro)Obras Concursantes: 3 El jurado lo declaró desierto Mg. Gabriela PonceMg. Santiago Villacís

Inv. Genoveva Mora

“En sus deliberaciones ha reconocido el potencial de las obras participantes. Sin embargo, considera que no cumplen con los expectativas dramatúrgicas para obtener uno de los premios que representa a la ciudad, razón por la cual ha decidido declarar desierto el Premio Joaquín Gallegos Lara, Categoría Teatro.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Manuela Sáenz (Género)Obras Concursantes: 7 Moral y orden. La delincuencia y el castigo en los inicios de la modernidad en Ecuador Ana María Goetschel Dra. Soledad Álvarez

Dra. Sofía Zaragocín

Dra. Cristina Burneo

Moral y orden se constituye en un aporte excepcional de la teoría feminista de Estado y del pensamiento feminista sobre prisiones a la reflexión contemporánea. El pensamiento de Ana María Goetschel, original, riguroso, abarcador y enormemente íntegro, es fundamental para comprender el presente de la violencia de Estado y los cuerpos que éste selecciona hoy para reprimir y anular.” (Fragmento del veredicto)
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Darío Guevara Mayorga(Cuento): 26

 

Niños de agua Sandra de la Torre Guarderas Mg. Miriam NavarreteMg. Reyva Franco

Mg. Emilia Andrade

“Debido a la temática novedosa, abordaje de un tema actual y complejo, por el buen uso de recursos literarios como la metáfora y el juego intertextual, y la resolución esperanzadora del conflicto, potenciada por un final abierto.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Darío Guevara Mayorga(Novela)

Obras Concursantes: 20

Maura Marialuz Albuja Bayas Mg. Carolina Bastidas

Mg. Santiago Andrade

Mg. Mildred Nájera

“Debido a que es una narración que presenta la historia desde diversos ángulos y tiempos, haciéndolos converger sin afectar el hilo narrativo. Logra retratos y voces verosímiles de los personajes. Posee una trama que envuelve con indicios bien conectados y un relato redondo en la identificación de emociones entre personajes, como espejos. Tiene un manejo del tiempo y espacio original, acorde con el tono de la historia. Maura es una historia terrible, trágica, atenuada con la belleza del lenguaje y necesarios toques de humor”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Darío Guevara Mayorga(Poesía)

Obras Concursantes: 5

El jurado lo declaró desierto Mg. Miriam NavarreteMg. Reyva Franco

Mg. Emilia Andrade

“Declarar DESIERTO el Premio Darío Guevara Mayorga, Categoría Poesía debido a que ninguna de las obras, en su conjunto, destaca por su calidad literaria para ser considerado ganador dentro de los premios de la ciudad.”

 

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Darío Guevara Mayorga(Ilustración gráfica)
Obras Concursantes: 59
Un amigo inesperado Santiago González Ilus. Sofía AcostaMg. Gisela Calderón

Ilus. Gerald Espinoza

“Debido a su coherencia gráfica y textual, logrando una obra sólida que refleja su oficio como ilustrador y autor”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
José Peralta (Crónica y testimonio periodístico)Obras Concursantes: 9 Volcánica Sabrina Duque Mg. Santiago RoseroLic. Mónica Almeida

Mg. Fausto Rivera

“Obra que presenta un adecuado equilibrio entre estilo narrativo e información de fondo. Se trata de una propuesta que hilvana una historia personal con una atenta observación de los acontecimientos políticos y sociales de su país de adopción, Nicaragua. La autora, mientras reflexiona acerca de la importancia de os volcanes en la historia y en la vida cotidiana de los nicaragüenses, asiste a la revuelta social de abril del 2018 en contra de Daniel Ortega, y logra articular, de una manera atractiva y rigurosa, una historia compacta que abre una ventana para que los lectores puedan entender la realidad contemporánea de ese país.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
José María Velasco Ibarra (Derecho Público)Obras Concursantes: 13 El deber de contribución al gasto público Eddy María de la Guerra Zúñiga Dr. José SuingDr. Emilio Suárez

Dr. Diego Peña

“Debido al adecuado y profundo tratamiento al tema específico del derecho financiero que contribuye a la discusión de esta área del derecho. El jurado quiere resaltar el rigor académico de la obra.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Augusto San Miguel (Video de corta duración)Obras Concursantes: 4 Ovejas Daniel Yépez Brito Cineasta Ana Cristina BarragánCineasta Rafael Barriga

Lic. Paúl Narváez

“Por su logrado trabajo con la metáfora entre realidad y ficción y su bello abordaje de la fragilidad de los seres vivos.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Ernesto Albán Mosquera (Video de mediana y larga duración)Obras Concursantes: 7 Espinos y cardos Andrea Miranda Salguero Cineasta Ana Cristina BarragánCineasta Rafael Barriga

Lic. Paúl Narváez

“Por su retrato a profundidad de un personaje de la ruralidad desde una mirada autoral honesta.”

 

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Agustín Cuesta Ordóñez (Producción cinematográfica)Obras Concursantes: 4 Estación Polar David Holguín Cineasta Ana Cristina BarragánCineasta Rafael Barriga

Lic. Paúl Narváez

“Por ser un documento histórico que retrata una generación y una época en Quito con un tono arriesgado.”
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Francisco Tobar García (Producción Teatral)Obras Concursantes: 17 Papakuna, Agroteatro Cómico Cultural Colectivo Yama Mg. Dolores OrtizMg. Andros Quintanilla

LIc. Tanya Sánchez

“Por su pertinencia temática y profundidad investigativa que se ve reflejada en una puesta en escena cuidadosamente estructurada que integra de forma consistente e innovadora los lenguajes de su partitura escénica. Se resalta el aporte que esta obra hace a las artes escénicas locales al incluir en su propuesta a públicos diversos”.
PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Sixto María Durán(Música académica)

Obras Concursantes:  12

Composiciones para un violoncello Ana González Gamboa Mas. Jorge CamposMas. Pablo Guerrero

Mas. Andrés Torres

“Debido a sus cualidades técnico-musicales innovadoras, con lo que aporta de manera significativa a la renovación del lenguaje musical.”

 

 

PREMIO OBRA GANADORA AUTOR JURADOS VEREDICTO
Luis Alberto Valencia (Música popular ecuatoriana)Obras Concursantes: 12 Tejiendo sonidos de la tierra Agrupación Awak Taki Grecia AlbánMariela Condo

Hernán Guerrero

“Por la originalidad de su propuesta, la composición y arreglos musicales, y su capacidad de transmitir emociones universales a través de la música tradicional.”

MENCIONES

PREMIOS TITULO AUTOR
José Mejía Lequerica (Historia nacional y ciencias políticas) Fidelismo, realismo y contrarrevolución en la Audiencia de Quito Alexandra Sevilla Naranjo
José Mejía Lequerica (Historia nacional y ciencias políticas Incivil y criminal. Quito como escenario de construcción estatal de la delincuencia entre los decenios 1960 y 1980 Andrea Aguirre Salas
Jorge Carrera Andrade(Poesía) Dammerung (o cómo reinventar a los ídolos) Juan Romero Vinueza
Jorge Carrera Andrade(Poesía) Deterioro Rocío Soria
Joaquín Gallegos Lara(Cuento) La primera vez que vi un fantasma Solange Rodríguez Pappe
Manuela Sáenz(Género) Los senos maravillosos Karina Sánchez
Darío Guevara Mayorga(Novela) Bolundún Ana Carlota González
Darío Guevara Mayorga(Ilustración Gráfica) ¡A comer! Recetario ilustrado de los pueblo del Ecuador Alice Bossut y Marco Chamorro
Darío Guevara Mayorga(Ilustración Gráfica) Quito Roger Ycaza
Ernesto Albán Mosquera (Video de mediana y larga duración) Huaca Mishell Echeverría Borja
Sixto María Durán(Música académica) Gotas de rocío en la warmi rasu Wilson Haro López
Sixto María Durán(Música académica) El Quinde, el fuego y el gigante Jorge Oviedo Jaramillo
Sixto María Durán(Música académica) Dúo No.1 Christian Javier Arias
Luis Alberto Valencia (Música popular ecuatoriana) Vientos Mitad del Mundo Quinteto Vientos Mitad del Mundo
El Telégrafo, 12 de enero 2020
Alicia Ortega

Escribo y leo contra las certidumbres autoritarias

Alicia Ortega Caicedo.
Crítica literaria y docente

Tras el fallo de los Premios Culturales, Artísticos, Científicos y Educativos 2019 del Municipio de Quito, se ha cuestionado al jurado y sus lecturas. 1.- La potencia de lo múltiple Se me acusa, como parte del jurado que confirió el Premio Joaquín Gallegos Lara 2019 a la novela de Salvador Izquierdo, de “cierta opacidad en los propósitos”: “La prueba de ello está en los textos”, dice Fernando Balseca en “¿Qué significa un premio literario?” (El Universo, diciembre 20). Los textos aludidos son El nuevo Zaldumbide, de Izquierdo, y La escalera de Bramante, de Leonardo Valencia. Comienzo por señalar que los textos no son cosas muertas que portan “pruebas” irrebatibles por fuera del acto de lectura. Nada más carente de soporte que pedirle a un texto “pruebas” para demostrar que es mejor que otro. Lo polémico del asunto es que las acusaciones esgrimen tales criterios solo porque no fue premiada la novela por ellos preferida. Es decir, si mi lectura no coincide con la tuya es denostada. Sabemos por la historia colonial, patriarcal e inquisitorial que existe una vieja tradición persecutoria de cacería de brujas: mi verdad es herejía, mi posición es ilegítima, mi voz un ininteligible parloteo. Esa pretensión de objetividad quiere basarse, según el artículo, en medibles criterios de número de páginas, tamaño de letra y sello editorial. Conviene recordarle al autor de tales argumentos que esos criterios pertenecen al ámbito de la diagramación y del mercado. Carlos Arcos, en “Yo, lector, y el Premio Joaquín Gallegos Lara” (Plan V, 1 de diciembre) también se vale de una exigencia de objetividad: “Algo de objetividad debe fundamentar sus decisiones”, le reclama al jurado. Sostiene que “solo el tiempo podrá dar a una novela el lugar que le corresponde en el torrencial río de la literatura”. ¿Cuál es “el” lugar que a un libro le corresponde? Un texto vivo ocupa y activa más de uno. Señores, no me interesa la “comprobación objetiva”. Cuidemos que no todo sea visible, susurran las brujas. Cuidemos los mantos, las torsiones, los intersticios, la potencia de lo múltiple, de lo imprevisto, de las incertidumbres, de los devenires que rompen todo modelo unificador. 2.- Corifeo en tres escenas I. Arcos, a partir de una sesgada y descontextualizada lectura que hace de mi libro Fuga hacia dentro. La novela ecuatoriana en el siglo XX. Filiaciones y memoria de la crítica literaria (2018), plantea que no he sido honesta en mi juicio al momento de premiar a Izquierdo, puesto que dado mi “radical desacuerdo” con el libro de Valencia, El síndrome de Falcón, no he sabido leer su novela concursante. Es decir, ¡porque no concordamos en nuestras lecturas pone en duda mi honestidad profesional! ¿Será que cada quien juzga en función de cómo actuaría poniéndose en el lugar del otro? ¿Por qué el “yo lector” opta por poner en entredicho el juicio crítico de quien no piensa como él? ¿Vieja práctica patriarcal esa de señalar, desacreditar, acusar, deslegitimar los criterios de una mujer? ¿Resulta tan insoportable la alteridad? Solo en ámbitos de autoritarismo se desestima el posicionamiento distinto y diferente, el pensamiento que disiente. II. Leonardo Valencia circuló el 19 de diciembre de 2019, en Facebook, el texto “En homenaje a Lupe Rumazo”, en el que lamenta la injusticia que la crítica ecuatoriana ha cometido con la escritora mencionada. Como “hecho” probatorio, reclama la ausencia de Rumazo en mi libro Fuga hacia dentro. Valencia afirma: “Hay un cierto infantilismo generacional en la apresurada acusación a los intelectuales hombres de no dar cuenta de escritoras, cuando ellas mismas no lo han hecho. La injusticia literaria en el caso de Lupe Rumazo no tiene género, pero sí condición moral: la desidia o la simple pereza intelectual”. ¿A qué generación se refiere? Imposible de responder porque no ofrece ningún nombre (solo el mío es claro porque soy la autora del libro cuestionado). Sí me queda clara la naturaleza de la acusación de “infantilismo”: típicamente misógina. Conocemos el vocabulario utilizado cuando los hombres se arrogan la autoridad de la verdad: Ustedes mujeres, repite el corito, no saben nada. Son inmaduras. Son infantiles. La segunda acusación apela a la “moral”, en nombre de una supuesta “desidia” y “pereza intelectual”. Aquí vale una precisión. Recordarle que en 2004 Jorge Enrique Adoum coordinó, con Editorial Eskeletra, una Antología Esencial Ecuador Siglo XX, en cinco tomos. El volumen dedicado al cuento ecuatoriano, a mi cargo, incluyó a Lupe Rumazo. Y esa decisión respondió al magisterio de Cecilia Ansaldo. Fue Cecilia quien no dejó nunca de referirse a ella desde hace varias décadas en su infatigable trabajo por destacar el aporte de escritoras ecuatorianas. Importa también subrayar que mi libro sobre la novela ecuatoriana no se propuso dar cuenta de la totalidad de las novelas escritas en el país en el lapso de cien años. No es un libro de historia, ni tiene un afán enciclopédico. Como todo trabajo de investigación, su corpus responde a un conjunto de preguntas que me acompañaron: la narrativa realista de los 30, sus disputas con la vanguardia, la producción crítica literaria de la primera mitad del siglo XX, los debates en torno a la obra de Jorge Icaza y Pablo Palacio, la representación del sujeto intelectual como eje articulador de un significativo corpus novelístico y ensayístico de la segunda mitad del siglo pasado. Señores, no hace falta que enmienden o completen mi lista de novelas estudiadas. Elaboren sus propias lecturas y hagan buena plana, no vaya a ser que la desidia y la pereza les gane. III. Wilfrido Corral publica en la revista Casa Palabras, # 41, “De la crítica nacional a una nacionalista”. Además de decir lo que debía yo haber hecho y cómo (más una suma de calificativos vilipendiosos), hay dos momentos que exigen detenimiento. Asevera que mi libro Fuga hacia dentro ha sido escrito con “fidelidad ideológica y metodológica a una universidad estatal estadounidense, con mayor rédito para redentores del ‘Otro’ preocupados por interpretaciones nativas in situ”. La universidad a la que se refiere con afán denostador es la de Pittsburgh, cuyo Departamento de Lenguas y Literatura Hispanoamericana es uno de los más prestigiosos en el medio académico, que tiene a su haber docentes de tan alto rango como Antonio Cornejo Polar, John Beverley, Gerald Martin, Mabel Moraña, Áurea Sotomayor, Juan Duchesne, Jêrome Branche, y puedo seguir con la lista de quienes han sido mis maestras. ¿Y ese menosprecio hacia el “Otro”? ¿Incomodidad con respecto a los estudios culturales, latinoamericanistas, poscoloniales, decoloniales, feministas? ¿Minimiza lo que no conoce? El segundo momento es la acusación de “patriarcalismo” a mi ejercicio crítico por no incluir a Lupe Rumazo en mi estudio y porque disiento de las tesis de Valencia. Lo que me sorprende es la utilización del calificativo por parte de quien ha recurrido a formas de violencia patriarcal en el mismo artículo. Con respecto a mi crítica a El síndrome de Falcón, dice: “Es una crítica débil al enfocarse en lo que cree que le falta en vez de lo que sí contribuye Valencia”. ¿Por qué Corral no pone en práctica lo que predica? Es decir, ¿su crítica a mi libro es débil porque no observa sus contribuciones? Mejor escriba una historia de la literatura ecuatoriana, elabore su corpus y se ponga a leer la producción ecuatoriana actual, que, por cierto, desconoce. De lo contrario, difícil comprender cómo puede afirmar en una entrevista publicada el 25 de junio de 2019, en El Comercio, que en nuestro país algunas autoras “se han puesto de moda”, y se pregunta: “¿Qué hubiera pasado si las novelas de estas autoras (no dice sus nombres, dice “algunas”) hubieran sido publicadas por editoriales nacionales como Eskeletra o El Conejo? Yo sospecho que, con la excepción de Mónica Ojeda, se hubieran quedado en nada”. La literatura ecuatoriana escrita por mujeres hoy en día ha renovado con estremecedora fuerza nuestro escenario literario. Son muchas las escritoras que nos representan, que son premiadas, leídas, antologadas, invitadas, publicadas dentro y fuera del país. ¿Cómo nombramos esa manera de descalificar el trabajo de mujeres sobresalientes? 3.- Por la belleza de las cosas que subsisten fragmentadas, vacías de finalidad Balseca sostiene también que la novela galardonada es “una reflexión sin invención, como algunas apuestas narrativas de hoy”. Por los argumentos presentados, que reducen la novela a “una narración bien escrita que registra cómo el regalo de un abuelo puede despertar significados muchos años después”, sospecho que aquello de la falta de invención quiere decir ¿falta de imaginación narrativa? En el ensayo de Didi-Hubeman, Cuando las imágenes tocan lo real, me encuentro con esta provocativa línea: “Es una enorme equivocación el querer hacer de la imaginación una pura y simple facultad de desrealización”. La imaginación no es una entelequia desasida de la realidad, descosida de la materialidad de quien escribe y en la que ella habita. No pertenece a una realidad etérea y vaciada de materia corporal. En resonancia con estas ideas, ¿acaso el documento o la memoria están despojadas de fuerza imaginativa? El nuevo Zaldumbide pone en crisis la forma novela tradicional. La voz del narrador explora múltiples derivas a partir de un poderoso juego creativo de conexiones e itinerarios que ensambla infatigablemente el ahora de la escritura con fragmentos de una memoria autobiográfica. Me gusta la provocadora mostración del archivo que esa voz inquiere: el archivo literario ecuatoriano al que no deja de remitirse de manera lúdica, para apropiarse de libros, biografías, novelas que el autor trasiega y trae a la escena narrativa. Porque de una reflexión acerca de la lectura y de la escritura se trata, de filiaciones y de complicidades afectivas. La voz narrativa nos toma el pelo, juega con el chiste, con el absurdo. Novela híbrida, fragmentada, que arriesga, crepita en hervores allí en donde el sinsentido se estrella una y mil veces para descascararse y mostrar un intersticio vacío desde donde emerge una intempestiva carcajada para quienes no saben qué hacer cuando se les pierde el manual de lectura. Novela de registros múltiples, que bien puede ser leída como cuaderno de trabajo, diario de artista, informe de investigación. Porta la huella del tono confesional y memorioso, pero a renglón siguiente, salta de la intimidad fabulada a la pausa reflexiva, al libro leído, al fragmento citado, a la desafiante ironía, para pasar luego al recuerdo de infancia, pero también al humor que desencaja cualquier pretensión de certeza o acabamiento. Vuelvo al ensayo acerca de cuando las imágenes tocan lo real. El montaje, observa el filósofo, desborda las ataduras del tiempo lineal y homogéneo. Se abre a la multiplicidad de historias, a las complejidades del tiempo. Tal ejercicio supone una puesta en movimiento de la imaginación. Se trata de una elección de escritura, y es lo que me interesa destacar, que apuesta al encuentro de disímiles registros en el curso de una narración que junta, rememora, documenta, nos interpela, recoge retazos de memoria, de experiencias, de lecturas. Es en ese movimiento que la escritura cruza la fabulación, los guiños autobiográficos, las resonancias intertextuales, allí en donde es la vertiginosa fuerza de la imaginación la que pone en movimiento el portentoso inacabamiento discursivo. (O)

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Primicias
Cambio de Rueda
Algunos literatos ecuatorianos se creen Cristiano Ronaldo
Santiago Roldós
26 Dic 2019
Cada vez que pierde un premio, normalmente ante Messi, el portugués se marca un clásico del Chavo: “acúsalo con tu mamá, Quico”. Pese a su esencia discutible y subjetiva, los premios dan placer, reconocimiento, estatus y dinero… siempre y cuando no vivas en Ecuador. En Ecuador, además de poca plata, un premio te dará enemigos, y te volverá sospechoso de pertenecer a una trinca, normalmente adversaria de la que hoy se desgarra las vestiduras por no haber ganado uno de su cofradía. Pareciera que aquí carecemos de paciencia y decoro, virtudes que, en otras latitudes (el Óscar, por ejemplo) permiten al perdedor/la perdedora sonreír y aplaudir mientras come mierda. A fin de cuentas, sobre todo en un contexto tan pequeño como el nuestro, basta un poco de constancia para que casi cualquiera acabe ganando algo. Eso es to, eso es to, eso es todo amigos, me gustaría decir, y poner así punto final a este tema, pero tengo dos mil caracteres más por llenar. Lo digo irónicamente, como casi todo lo que digo, aunque a algunos les cueste entender que no creo en que no soy abogado ni practico las ciencias exactas, sino el arte de la bufonería, y que en arte y en política (Shakespeare) la ironía sea un dispositivo de resistencia y salvación. Está muy bien que ciertxs escritorxs se tomen muy en serio a sí mismxs, digamos por ejemplo Tolstoi, sufridor como sólo sabían sufrir los rusos y los hinchas del Barcelona de Guayaquil. Quiero decir que el problema no es el sufrimiento, sino lo que haces con él. Una cantidad importante de hombres blancos, heterosexuales y de 50 años (mierda, acabo de hacer mi auto retrato; no importa, amo traicionar a mi propia clase y género) ha objetado el Premio Joaquín Gallegos Lara de Novela 2019 de la Municipalidad de Quito, cuyo nombre es mucho más largo que el cheque que entrega, ironía y desgracia a la vez. El dinosaurio de Monterroso; toda la obra de Borges; el corto donde Agnes Varda reconstruye el cha cha chá de Beny Moré a punta de fotos fijas; o cualquier capítulo de El increíble mundo de Gumball, demuestran que la contundencia artística poco tiene que ver con la extensión o el tonelaje de lo producido. Y pese a ello, ha sido uno de los argumentos formales de mi estimado (esto sí sin ironía) Fernando Balseca, para cuestionar el premio a ‘El nuevo Zaldumbide’, de Salvador Izquierdo, frente a las 600 páginas de ‘La escalera de Bramante’, de Leonardo Valencia. Fernando lo hace en nombre de la defensa de los valores tradicionales de los géneros, y ante eso poco hay que agregar: en la historia del arte, la degeneración (y la novela-stand up de Salvador Izquierdo es degenerada) es para algunos lo más bacán. Cuestión de perspectivas. Más curioso es que, en cuanto al aspecto de la trascendencia cultural, lo escrito por Fernando sobre las virtudes de la novela de Valencia aplique en gran medida para la de Izquierdo, algo más que una tentativa auto referencial sobre la difícil herencia de un abuelo catedralicio. No poder o querer ver cómo a partir de la deconstrucción de un gesto aparentemente privado se desmonta y torpedea toda nuestra tradición afectiva, cultural y política no deslegitima una obra, ni aún en comparación a otra, sino que debería conflictuar la mirada propia. Lo que Izquierdo mina es lo que sabemos de nuestrxs ancestrxs, no sólo biológicxs, y la forma en la que nos seguimos relacionando con ellxs, entre nosotrxs, con el poder y la cultura. Tal vez eso sea parte del enojo de nuestro establecimiento conservador progresista. Nada de esto, empero, atenta o debería atentar contra la calidad de Valencia y su novela. Borges se quedó ciego de tanto reírse ante tanto premio no concedido.

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El Universo
20 de diciembre de 2019
Fernando Balseca

¿Qué significa un premio literario?

Escribo este artículo porque, desde hace cincuenta años, me interesa la literatura ya que he ido aprendiendo que ella trae palabras y conceptos que pueden cambiar en algo a un lector. Pero la literatura también tiene una dimensión institucional, un carácter público, puesto que divulga lo que en principio es un pensamiento propio, un sentimiento íntimo, una ficción novedosa. Es institucional, además, porque de ella se encargan las universidades, los grupos intelectuales, los libreros, los críticos; también porque existen distinciones, como los premios que cada año el Municipio de Quito otorga a las mejores obras.

En diciembre se dieron a conocer los ganadores de estos galardones, en cuyo proceso intervienen factores subjetivos que deben presentarse con la mayor transparencia. Pero esto no ha ocurrido con el premio a la mejor novela. Dos de los tres jurados del Premio Joaquín Gallegos Lara decidieron, por mayoría, premiar El nuevo Zaldumbide, de Salvador Izquierdo. En la sesión del Concejo municipal que debía aprobar los informes en los que se hallaban los veredictos se conoció que Francisco Proaño Arandi, uno de nuestros grandes novelistas, esgrimía otras razones como jurado para premiar La escalera de Bramante, de Leonardo Valencia.

Que haya discrepancias es natural, pero ese apunte de Proaño anima a que comparemos desde afuera. Y cualquier lector informado puede valorar las dos novelas en cuestión para percibir cierta opacidad en los propósitos de los dos jurados que votaron a favor de Izquierdo. La prueba de esto está en los textos. La de Izquierdo es una narración bien escrita que registra cómo el regalo de un abuelo puede despertar significados muchos años después; es un texto narrativo que, si estuviera publicado con un tamaño normal de letra, llegaría acaso a 45 páginas. Es una reflexión sin invención, como algunas apuestas narrativas de hoy.

La escalera de Bramante, en cambio, es una realización narrativa completa que afirma un modo de novelar (en letra menuda, tiene más de 600 páginas, pero no propongo que el único valor sea la extensión) y que construye un universo conjetural sobre Quito, el Ecuador, la política extremista de los fanatismos, las paradojas de los militantes y activistas, la relación de las artes con la memoria, el problema de la representación de nuestra identidad. Es un amplio fresco literario que cuestiona las décadas recientes del país y que erosiona nuestros modos de actuar y de ser. Es una estupenda novela aquí y en cualquier parte.

Por esto preocupa que, por motivos incomprensibles, se haya escamoteado este premio a una novela impactante. ¿Qué tenemos, entonces? Que un texto interesante le gana a uno de gran solidez; que un texto en el que su autor agradece la ayuda de otro escritor que actuará como jurado vence a otro cuyo autor exhibe un talento narrativo sostenido; que un texto publicado por un autor en su propia editorial derrota a otro que ha sido examinado en un riguroso camino de edición en la editorial Seix Barral. Todo parece indicar que dos jurados utilizaron El nuevo Zaldumbide para premiar algo que no era la calidad literaria. (O)

 

Plan V, 1 de diciembre de 2019

Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Yo, lector, y el Premio Joaquín Gallegos Lara

Escribo desde la autonomía del lector: punto de encuentros y desencuentros, espacio solitario en el que el gusto, el enamoramiento, o, por el contrario, el desagrado y el rechazo se hacen presentes en cada párrafo, en cada imagen, en cada personaje que llega, encontramos o traemos a nuestra vida. Desde esa condición, me pronuncio sobre el Premio Joaquín Gallegos Lara, que anualmente otorga el Municipio de Quito.

En este año, dos de los tres miembros del jurado, optaron por la novela El nuevo Zaldumbide (Festina Lente, 2019), de Salvador Izquierdo. La escalera de Bramante (Seix Barral, 2019), de Leonardo Valencia recibió el apoyo del escritor Francisco Proaño Arandi ―voto en solitario― y no fue galardonada.

La obra literaria de Salvador Izquierdo es prometedora: he leído Comunidad abstracta (Cadáver Exquisito Ediciones, 2015), Te Faruru (Campaña Nacional del Libro y la Lectura, 2016), Régimen, te perdono (La Caída Editores, 2017) y El nuevo Zaldumbide (Festina Lente, 2019). Los dos primeros relatos me cautivaron por su novedad e ingenio. Sobre El nuevo Zaldumbide conversé con Salvador Izquierdo durante una corta y grata visita que él y Romina, su compañera, me hicieran en Bahía de Caráquez. Le dije que me había gustado ese vibrante y a la vez enternecedor comienzo en que relata las circunstancias en que su abuelo Jorge Salvador le obsequia un ejemplar de La égloga trágica (Quito, 1956), de Gonzalo Zaldumbide ⎯obra y autor fueron estigmatizados por la crítica literaria de izquierda en los sesenta⎯.

Izquierdo lanza señuelos para una nueva lectura de Zaldumbide, pero su novela va más allá. Los recuerdos vigorosos de un abuelo que se erige como un súper yo ante el cual el narrado confiesa: «Pero sólo soy un nieto, nada más», se entrelazan con los devaneos en torno a un extravagante proyecto de investigación sobre «gafas de sol» y escritores, con reflexiones autobiográficas y también con sus opiniones sobre algunos aspectos de la vida literaria local. Como parte del cierre de la novela, ensaya una carta a Benjamín Carrión: «Necesito que interceda por mí, como habrá hecho en vida, por tantos otros artistas locales» dice en una de sus partes. La carta es una parodia, un punto de quiebre que por lo menos a mí, como lector, no terminó de convencerme. Más allá de los recursos que utiliza y de la temática de El nuevo Zaldumbide, mi preferencia permanece con los dos primeros libros citados.

Leonardo Valencia también ha sido un autor que ha atrapado mi atención. Sus dos ensayos El síndrome de Falcón (Funambulista, 2006) y Moneda al aire (Turbina Editores, 2018) han sido contribuciones significativas a la crítica literaria. Su novela El libro flotante, que tiene varias ediciones, es un ambicioso y logrado proyecto. Esto ha sido ampliamente reconocido por la crítica académica en las voces de Wilfredo Corral y Antonio Sacoto. No se quedan atrás El desterrado  (Debate, Madrid, 2000), sobre el que Christopher Domínguez Michael hizo un detallado comentario en la revista mexicana Letras libres (Domínguez Michael, 2000); ni el libro de cuentos La luna nómada, de la que existen varias ediciones, y por último, La escalera de Bramante (Seix Barral, 2019).

Más allá de la decisión de la mayoría del jurado del Gallegos Lara, hago votos para que el reconocimiento a Salvador Izquierdo represente un renovado impulso a su creación literaria, que ya ha dado obras importantes a sus lectores

La recepción de esta última novela ha sido altamente positiva y la crítica ha destacado su riqueza estilística, el depurado lenguaje que utiliza, la compleja y lograda urdiembre y de tramas que transcurren en diversos escenarios y tiempos, personajes multifacéticos, el carácter metaliterario de muchos pasajes y una erudición que lleva al lector de la pintura, a la música, a la poesía, sin eludir los dramas y sentimientos que toda vida humana enfrenta en algún momento: el amor, la muerte, el desarraigo, el dolor, la amistad. El capítulo Las troyanas es soberbio y constituye por sí mismo una ineludible referencia. Está además la sorprendente mirada sobre Quito, que surge en los diálogos entre Raulito y el Cónsul, dos de sus personajes. Francisco Proaño Arandi resumió en su dictamen la riqueza de la novela ( (Centro Cultural Benjamín Carrión, 2019). La escalera de Bramante culmina un largo proceso creativo de Valencia que abarca el conjunto de su obra de ficción y de crítica.

El dictamen de un jurado responde a gusto e inclinaciones. ¡Son lectores! Sin embargo, algo de objetividad debe fundamentar sus decisiones. Tan solo la distancia temporal, más allá de las modas del momento y de las rencillas que caracterizan al mundo literario, podrá dar a una novela el lugar que le corresponde en el torrencial río de la literatura. Alicia Ortega Caicedo, profesora de la UASB y reconocida crítica de literatura, fue uno de los miembros del jurado del Gallegos Lara. Me interesa la crítica literaria, género poco cultivado en el país, de manera que hace poco leí su libro Fuga hacia adentro: la novela ecuatoriana en el siglo XX (UASB-Corregidor, 2017). Me sorprendió que el capítulo final, que tiene el sugestivo título ¿Desde dónde nos leemos? esté dedicado casi exclusivamente a rebatir las tesis de Leonardo Valencia expuestas en El síndrome de Falcón. En palabras de Ortega: «La ansiedad de nuestros escritores por participar en el canon de la “novela mundial” expresa una variante del deseo, de raigambre colonial, por formar parte de ese inapreciable ramillete literario metropolitano». (Ortega, 2017, pág. 433 y ss.) Es inevitable concluir que Valencia sería parte de estos escritores ansiosos de reconocimiento e inclusión en las capitales literarias. ¿Es censurable ese deseo? ¿Es ilegítimo que un escritor establezca como su escenario de referencia la «novela mundial»? ¿Es reprochable que jóvenes escritoras ecuatorianas procuren publicar en España y en Estados Unidos para ser parte de «ramillete literario metropolitano y así satisfacer un deseo de “raigambre colonial”»? No lo creo. Preguntas y preguntas: en su condición de jurado ¿Desde dónde leyó Alicia Ortega,  La escalera de Bramante? ¿Desde la crítica al cosmopolitismo y a la extraterritorialidad? ¿Desde su radical desacuerdo con El síndrome de Falcón? ¿Privilegió su juicio al crítico Leonardo Valencia y no la lectura de la novela La escalera de Bramante?

Más allá de la decisión de la mayoría del jurado del Gallegos Lara, hago votos para que el reconocimiento a Salvador Izquierdo represente un renovado impulso a su creación literaria, que ya ha dado obras importantes a sus lectores. Desde mis preferencias literarias, él y Sandra Araya destacan sobre la pléyade de escritores de su generación. Por otra parte, ni La escalera de Bramante ni Leonardo Valencia necesitan de menciones ni premios, aunque nunca están de más. Su calidad está sobre esto. Estoy convencido de que La escalera de Bramante es un hito. «Novela planetaria» la llamó Wilfrido Corral (Corral, 2019).

Trabajos citados

Centro Cultural Benjamín Carrión. (28 de Noviembre de 2019). http://ccbenjamincarrion.com/listos-los-ganadores-de-los-premios-municip…. Obtenido de http://ccbenjamincarrion.com

Corral, W. (2019). La utilidad de El síndrome de Falcón y Leonardo Valencia. Estudio introductorio. En L. Valencia, El síndrome de Falcón. Lectura inasible y nacionalismos. Quito: Centro de Publicaciones PUCE.

Domínguez Michael, C. (31 de Diciembre de 2000). Letras libres. Obtenido de https://www.letraslibres.com/mexico/libros/el-desterrado-leonardo-valencia

Ortega, A. (2017). Fuga hacia adentro. La novela ecuatoriana en el siglo XX: filiaciones y memoria de la crítica literaria. Quito-Buenos Aires: Universidad Andina Simón Bolívar-Corregidor.

 

 

 

 

El Telégrafo

Silencios dignos

Carlos Burgos Jara
12 de enero de 2020
Por más que el veredicto de un jurado en un premio literario nos provoque sorpresa y perplejidad, no se lo puede acusar de corrupción sin mayores pruebas. Sorprende la cantidad de premios literarios que hay en Ecuador. Prácticamente no conozco un escritor que no haya ganado alguno. Se los puede contar por decenas en las contraportadas de los libros nacionales. El asunto es curioso: el prestigio de muchas obras en en el país pasa más por los premios que reciben que por el reconocimiento de la crítica o del público. Hay escritores que prefieren premios antes que lectores. Conozco varios casos. Fernando Savater afirmaba alguna vez que creer en un premio literario es como creer en los reyes magos. Lo decía con cinismo, desde luego. Savater es habitual jurado de varios de los concursos literarios más importantes de España. Pero el cinismo no invalida la afirmación de Perogrullo: es ingenuo pensar que un premio autoriza o legitima la calidad de un libro. Roberto Bolaño, en uno de esos cuentos más conocidos, se burlaba de los premios literarios y concluía al final que el mundo de la literatura era ridículo y terrible. El núcleo del cuento, por supuesto, no se encontraba en los premios en sí, sino en lo que se movía alrededor de los premios: el dinero, la insensatez, las injusticias. Como el narrador de aquel cuento de Bolaño, pienso que lo verdaderamente revelador de los premios literarios no pasa por lo literario. Pasa más bien por su telón de fondo. Ciertos premios (y las reacciones que provocan) sirven bastante bien para adentrarse en las dinámicas de un campo cultural específico. Es decir, son un lugar privilegiado para observar las jerarquizaciones, tensiones, desplazamientos y disputas que se dan dentro de ese espacio. Pensemos, por ejemplo, en el último premio de novela que ha entregado el Municipio de Quito. Los medios y las redes sociales no nos han privado de ninguno de sus habituales cantos a la ridiculez y al exabrupto. Se han dicho demasiadas cosas con una soltura de huesos admirable. Hay que dejar algo claro: por más que el veredicto de un jurado nos provoque sorpresa y perplejidad, no se lo puede acusar de corrupción sin mayores pruebas. Es una lamentable costumbre de la cultura nacional. Otra cosa son las formas, por supuesto. Siempre es conveniente que un miembro de un jurado evite premiar un libro que está dedicado a él. Ha habido ya algún antecedente de este tipo en la literatura ecuatoriana: Miguel Donoso se abstuvo hace varios años de premiar un libro cuya dedicatoria le estaba dirigida. Es la forma correcta de hacer las cosas. En mi opinión, al menos. Santiago Roldós ha escrito sobre el mismo premio una nota con un título sugerente: “Algunos literatos ecuatorianos se creen Cristiano Ronaldo”. La imagen futbolera es atractiva, pero poco seria. ¿Cuáles son concretamente los literatos a quienes Roldós acusa de tomarse demasiado en serio? No lo deja claro. Al menos en el caso de este premio municipal, no he escuchado a Leonardo Valencia o a Jorge Izquierdo pronunciarse sobre el tema. Ambos han guardado más bien un respetuoso silencio. El tono petulante y ronaldesco viene más bien del propio Roldós: a diferencia de ciertos literatos que han protagonizado o escrito sobre este premio, él afirma ser un tipo que sabe reírse de sí mismo, manejar la ironía y practicar de buena manera el arte de la bufonería. Roldós parece ser un hombre divertido, picante, flexible, tolerante. Bien por él. Por otro lado, me sorprenden de verdad las pasiones que despiertan Valencia e Izquierdo. Tengo la suerte de haber tratado a los dos. Ambos son escritores interesantes, de los mejores que tenemos. Y ambos son tipos agradables, tranquilos. El tiempo, que es un juez inflexible, ubicará a sus novelas en el lugar que les corresponde. Pero lo verdaderamente importante ha sido la actitud pública que ambos han mostrado en este penoso asunto. El silencio, después de todo, no es una mala opción cuando el ruido insustancial e innecesario se multiplica a nuestro alrededor. A fin de cuentas, lo último que parece importar a los ruidosos es leer las novelas y hablar de ellas. (O)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/10/silencios-dignos
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